La delgada línea Roja
Un rebote en el línea Esquivel originó el córner con el que Tuzzio le dio el cuarto triunfo al hilo al Rojo. Independiente mostró carácter, cerró su arco y, aunque sufrió, se terminó llevando un partido muy chivo.
El salto triunfal del defensor tras su cabezazo goleador.
Si Independiente goleaba, estaba bien.
Si a Independiente le empataban sobre la hora, también estaba bien.
Esa bipolaridad dispara una pregunta: ¿está bien que Independiente sea el único puntero? En rigor de verdad, y por lo rastrero de este torneo, el Independiente que en el Apertura quedó a siete puntos del Banfield campeón estaría, ahora, justificando con más y mejores argumentos su paso triunfal. Aquél brillaba un poco más, pero era más discontinuo. Este tiene pedacitos de buen juego, pero encontró la solidez que lo tiene con cuatro partidos consecutivos sin recibir goles y que le permite ganar lo que antes perdía o empataba. Si encuentra rápido el equilibrio, será el gran candidato.
Claro que mientras tanto, gana. Y eso facilita la tarea. El problema lo tendrá si se enamora de esta fórmula, de meter un gol y parir el triunfo en el aguante. Para peor, se topó con un gol madrugador (nacido en un involuntario regalo de un asistente que aspira a ir al Mundial) que lo tuvo desde el minuto cuatro con más responsabilidad en la defensa que en el ataque. En algunos lapsos se resguardó con la pelota, algo que hace bien cuando la tienen Silvera (el cerebro del equipo al que le sobró criterio y sólo le faltó el gol) y Piatti. Ese tándem generó la sensación de goleada, pero el triunfo tangible llegó desde el fondo, con el grito de Tuzzio y el aguante que enarbolaron el propio goleador y su ladero Galeano. Claro que ayer lo asistió un atenuante: la grave lesión de Busse, quien es un auxilio constante para Acevedo. Y el Tolo carece de otro jugador que pueda hacer la banda como el salteño. Entonces debió rearmar el equipo con Piatti volcado a la derecha, y el ida y vuelta lo terminó fundiendo. Y lo mismo le sucedió a Acevedo, pese a que tuvo la asistencia de Vittor. Pero la fractura de Busse también le hizo aflorar el carácter necesario para dejar atrás el trauma. Y ahí fue Tuzzio el primero en desenroscarse del dolor para meterse otra vez en el partido. Un gesto de líder.
El Tolo admitió que volvió "para ser campeón", y tanto se aferra a su creencia que vive para el resultado. Chacarita lo arrinconó más con la desesperación del promedio que con buen juego, y como su mediocampo no tenía más piernas y Patito Rodríguez no era capaz de gambetear ni a una serpentina, la pelota volvía demasiado rápido. Entonces se atrincheró con cinco defensores, un doble cinco y los cinco sentidos bien despiertos para sostener la punta. Sufrió, sí, horrores, pese a que Parra la rechazó a la par de los centrales en el área de Independiente. Y porque Gabbarini puso el cuerpo en un par de salvadas pero se olvidó de lo que dice el manual de cómo salir a cortar centros. Fue tan bipolar como el partido. Y ahí se vuelve a la pregunta inicial: ¿está bien que Independiente sea el único puntero del campeonato? Por resultados, por el temple de sus jugadores y por la viveza de su técnico, sí. Pero aún debe rendir varios exámenes para recibir el título que tanto anhela.