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Adriano
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Una de cada 12 personas tiene hepatitis B o C y no lo sabe

Una de cada 12 personas tiene hepatitis B o C y no lo sabe


Lo anuncia la Alianza Mundial Contra las Hepatitis, que lanzará su campaña en el día mundial de la Hepatitis, el 19 de junio. Las hepatitis virales crónicas se cuentan entre las principales causas de transplantes en nuestro país y 500 millones de personas en el mundo las padecen. Envíe su comentario.

Por: María Farber

"El número de gente que padece una hepatitis crónica es cinco veces mayor que el de quienes tienen HIV". Eduardo Pérez Pegué, representante local de la Alianza Mundial Contra las Hepatitis, a Clarín.com


Por primera vez la Argentina forma parte de una campaña mundial contra las hepatitis virales crónicas. Se trata de una iniciativa de la recién formada Alianza Mundial Contra las Hepatitis que reúne a unas 200 organizaciones de pacientes en 44 países. En la Argentina, la Fundación HCV Sin Fronteras, es su representación local. Según su director, Eduardo Pérez Pegué, las hepatitis virales crónicas merecen un urgente trabajo de concientización porque "estadísticamente el número de personas con hepatitis B y C supera en cinco veces a quienes padecen HIV". Para el próximo 19 de junio, día Mundial de la Hepatitis, la Alianza lanzará en nuestro país la campaña ¿Soy el número 12?, que apela una vez más a la estadística: 500 millones de personas en el mundo, es decir, una de cada doce, tiene hepatitis y la mayoría no lo sabe.

Doce también son los puntos que la Alianza reclama en forma local para su cumplimiento por parte del gobierno antes de 2012. "Existe una enorme desinformación sobre estas hepatitis", dice Pérez Pegué, que tuvo hepatitis C y conoce en carne propia las dificultades que se suman al hecho de sufrir la enfermedad en Argentina: "El Plan Médico Obligatorio cubre las dos drogas que se usan para tratar la enfermedad, pero no los estudios diagnósticos indicados, ni tampoco las drogas necesarias para combatir los efectos secundarios del tratamiento", explica. Eso sin contar la incertidumbre porque, a veces, y sobre todo en el interior del país, la droga que suministra el PMO, dice Pérez Pegué, "no siempre llega".

Las dificultades económicas pueden comprometer el éxito del tratamiento cuando se producen efectos adversos como la caída de glóbulos blancos y anemia. "La forma que tenemos de cuidar esos efectos adversos es bajar la dosis de las drogas para tratar la hepatitis, pero eso hace que estadísticamente la posibilidad de curación del paciente disminuya", precisa Leonardo Pinchuk, médico gastroenterólogo, miembro del Panel Científico de la Alianza.

El cuadro de dificultades se completa en el plano social, con el estigma que acompaña el diagnóstico de estas hepatitis. "Tiene que ver con el desconocimiento de quienes te rodean. Las personas que saben que tenés el virus tienen miedo de tocarte. Pasa que en la casa de gente conocida, en la rueda de mate, como quien no quiere la cosa, te salteen. En los ámbitos de trabajo esto se exacerba. Y este tipo de situaciones provocan mucho dolor".

Diferentes grupos de riesgo


La palabra hepatitis no aporta precisiones acerca de las diferentes enfermedades que nombra: habla de una inflamación del hígado y no distingue su origen. De modo que resulta fundamental diferenciar la hepatitis A de la B y la C: se trata de tres virus distintos y sólo las dos últimas pueden hacerse crónicas. El virus de la hepatitis A se transmite a través del agua, por la ingestión de alimentos contaminados, o de la misma forma que una gripe, mediante el contacto con una persona infectada. Sin embargo, las hepatitis B y C son muy diferentes, el contagio se da por vía parenteral (a través la sangre, del mismo modo que el HIV) o puede ser transmitido de la madre al hijo durante el embarazo. En el caso de la hepatitis B es común el contagio por vía sexual, mientras que son poquísimas las probabilidades de este modo de transmisión en el caso de la hepatitis C.

Los grupos de riesgo para las Hepatitis B y C son aquellas personas que recibieron sangre o hemoderivados "sobre todo antes del año 94", dice Pinchuk, adictos que compartieron jeringas, quienes se realizaron piercing, tatuajes, recibieron tratamientos de acupuntura o fueron al odontólogo. A eso se suma, en el caso de la hepatitis B, el sexo sin protección.
Existe una vacuna para la Hepatitis B, "por eso se nos hace incomprensible por qué tiene tanta prevalencia", admite Pérez Pegués. En el caso de la hepatitis C no existe una vacuna, pero no se transmite por vía sexual y es posible prevenirla evitando el uso de elementos que hayan estado en contacto con sangre. "Creo que la alta prevalencia de estas enfermedades tiene que ver exclusivamente con la falta de campañas de información y detección".

fuente: Clarin
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